viernes, 1 de mayo de 2015

La participación de los pescadores en la planificación pesquera, puede contribuir a que esta actividad sea más sostenible

Artículo publicado por Gaizka Esparza en Bilbao Buenas Noticias

“El futuro de la pesca en el Atlántico y mar Cantábrico: estado de las poblaciones de peces y consumo responsable de pescado”, es el titulo de la charla organizada por Ekologistak Martxan Bizkaia para esta tarde en Bilbao. Allí estará Lydia Chaparro del Area Marina de Ecologistas en Acción, compartiendo protagonismo con Miquel Ortega de la Fundación ENT. Con Lydia, hemos conversado en torno a la pesca sostenible, las políticas pesqueras y el consumo responsable.

¿Es posible a día de hoy hablar de pesca sostenible?

Sí, es posible hablar de pesca sostenible, el problema es que la palabra sostenibilidad está muy mal usada. Preferimos utilizar el término pesca responsable y de bajo impacto ambiental. El propio Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente frecuentemente argumenta que si la pesca se ha practicado legalmente, es por definición sostenible, olvidando por completo los impactos ambientales que ciertas modalidades pesqueras pueden infringir sobre el medio marino.
Para Ecologistas en Acción, una pesca sostenible es aquella que obviamente cumple con la legislación vigente pero además, es aquella que asegura que las poblaciones de peces están explotadas conforme el Rendimiento Máximo Sostenible, es decir, que no se pone en peligro la capacidad de regeneración futura de las poblaciones.  Pero actualmente, en base a este criterio, podemos asegurar que la sobrepesca afecta al 95% de los stocks pesqueros evaluados en el Mediterráneo y el 39% en el Atlántico, y por lo tanto, muchas poblaciones de peces en Europa no están gestionadas de forma sostenible. Para poner fin a la sobreexplotación de los caladeros, es preciso alcanzar un equilibrio entre lo que se extrae de los mares y lo que el océano puede ofrecer. Motivos por los que desde Ecologistas en Acción exigimos unos límites de pesca adaptados a los recursos disponibles y a los límites del ecosistema. Sólo de esta forma podremos recuperar las poblaciones de peces a niveles saludables, conseguir la sostenibilidad ambiental y por consiguiente la sostenibilidad social y económica de la actividad pesquera que tanto necesitamos.

¿Cuál es la situación en el mar Cantábrico? ¿Cuáles son las especies que más han sufrido la explotación llevada a cabo por los seres humanos?

Aunque el ICES/CIEM (Consejo Internacional para la Exploración del Mar) y otros organismos científicos como AZTI-Tecnalia están haciendo un gran trabajo y han evaluado la situación de algunos de los recursos pesqueros de mayor interés para la flota vasca, todavía faltan datos sobre el estado muchas otras especies del Atlántico Norte. Especialmente de aquellas especies que no son de interés comercial o de ecosistemas marinos vulnerables, como pueden ser los ecosistemas de aguas profundas. Por eso mismo, desde Ecologistas en Acción abogamos por una correcta gestión que permita una explotación sostenible a largo plazo de todas las poblaciones, estableciendo límites de captura conforme el consejo científico, y aplicando el criterio de precaución y la gestión ecosistémica en la pesca, tal y como indican las diferentes normativas en vigor.
Con respecto a los datos disponibles para el Mar Cantábrico, algunas de las poblaciones que podemos considerar sobreexplotadas son por ejemplo el atún rojo, el rabil, la merluza o la caballa. Con respecto a la sardina se ha registrado un descenso de la biomasa y se aconseja una reducción de las capturas. Para otras especies como el gallo del norte o el jurel, los organismos científicos competentes recomiendan una mejor gestión y una reducción del esfuerzo pesquero para asegurar la sostenibilidad a largo plazo… y así sucesivamente. En cualquier caso, para cada una de estas pesquerías, una gestión sostenible y un futuro viable para los pescadores no sólo es posible, sino que es necesario. De no hacerlo, podríamos volver a tener situaciones extremas como la que sucedió con la anchoa en el Mar Cantábrico.
Hay otros casos que nos recuerdan las nefastas consecuencias ambientales y sociales derivadas de una mala gestión de los recursos marinos. Uno de los casos más conocidos es el del bacalao. Hoy en día es una especie catalogado por la UICN como Vulnerable a la extinción, y a nivel global su situación es muy crítica, puesto que el 88% de las poblaciones de bacalao están sobreexplotadas y el 30% en peligro de colapso. Así pues, como no podría ser de otra manera, es una de las especies que aparecen en la guía y que no aconsejamos en absoluto consumir.

Esta sobre explotación ha traído una merma en la biodiversidad que afecta a su vez a otras especies que se alimentan de peces… ¿De qué animales estaríamos hablando?

Aunque la falta de una correcta gestión y el impacto de la pesca sobre el medio son factores importantes a tener en cuenta, no son ni mucho menos la única amenaza que afecta a la salud de nuestros mares. La pérdida de hábitats, la contaminación, la llegada de especies invasoras o el aumento de la temperatura del agua debido al cambio climático, son algunos de los factores que hacen que la biodiversidad marina esté fuertemente amenazada. Estamos hablando de numerosas espeses de peces y moluscos, pero también tiburones, cetáceos, corales, esponjas, algas…
Se estima además que estas amenazas crecerán en un futuro, especialmente las asociadas al cambio climático y la degradación del hábitat. De hecho, varias publicaciones científicas coinciden en que se prevé una reducción de la productividad de las aguas españolas en los próximos años.
Así pues, si no queremos que la pesca tradicional se convierta en una actividad anecdótica, no sólo se debe garantizar la recuperación de las poblaciones de peces para amortiguar los efectos del cambio climático (tal y como establece la normativa), sino que se deben promover medidas activas y efectivas contra estas amenazas.
Del mismo modo, existen numerosas normativas y compromisos internacionales que debemos aplicar si se pretende conseguir un buen estado ambiental de nuestros mares y frenar la pérdida de biodiversidad. Aunque es importante, no basta con gestionar correctamente la pesca (y su comercialización), también se debe luchar activamente para que se cumpla la Directiva Hábitats, la Directiva marco sobre la estrategia marina, el Convenio de Biodiversidad Biológica, el Marco político de Clima y Energía para 2030, la Gestión Marítima Integrada y numerosas otras obligaciones y compromisos adquiridos tanto a nivel internacional, europeo, estatal como autonómico.

Hay quienes defienden la acuicultura como alternativa, sin embargo se suele olvidar hablar de los costes ambientales que genera, por no hablar de que es una nueva forma de convertir en meros objetos de consumo a otros seres vivos…

La acuicultura es como la pesca, es muy diversa y hay muchos tipos diferentes, algunas son granjas intensivas que provocan graves impactos ambientales y sociales, -y por tanto debilitan aún más el medio marino y la pesca-, como por ejemplo la acuicultura de langostinos en países tropicales, o el cultivo de salmón en Chile o Noruega. En el Mediterráneo, por ejemplo, la joya de la insostenibilidad son las granjas de engorde de atún rojo, cuyo equivalente en tierra sería el de engordar a grandes depredadores como los leones para alimentar a la población.
Mientras que otros modelos acuícolas son extensivos y de carácter artesanal, y aunque tienen impactos como cualquier otra actividad, éstos son reducidos, como sucede por ejemplo con el cultivo de mejillones en bajas densidades, o las doradas producidas en sistemas extensivos con alimentación natural. Ahora bien, por lo general, los europeos prefieren consumir peces carnívoros que dependen de una alimentación basada en aceite y harina de pescado. Es decir, que para producir estos peces se tienen que ir a capturar grandes cantidades de peces pequeños de grande valor ecológico y nutritivo (en ocasiones se capturan en zonas o países con elevados índices de desnutrición en su población), para transformarlos en piensos y alimentar a los peces enjaulados que tenemos aquí en Europa. Lo que genera un producto de lujo que nada tiene que ver con la solución del hambre en el mundo y que además agrava la sobrepesca. De hecho, el desarrollo comercial a gran escala de esta industria, ha provocado que una buena parte de la acuicultura actual sea insostenible. Por otra parte, la acuicultura no está exenta de impactos sociales y en algunas zonas se han generado importantes conflictos sociales.

Los consumidores a titulo personal, ¿qué pueden hacer para ayudar a frenar la esquilmación de nuestros mares?

En la guía de consumo de Sin Mala Espinofrecemos criterios para las personas que estamos convencidas de que el consumo es una herramienta fundamental para cambiar esta situación. Con ella podremos evitar los productos que no estén debidamente etiquetados o cuya captura esté asociada a un mayor impacto ambiental y social.  De hecho, en la guía hemos evaluado las 71 especies más consumidas en nuestros hogares y entre muchos otros aspectos se recogen los impactos sobre éstas, los fraudes más comunes y una recomendación de consumo con instrucciones para una elección más responsable, que no es lo mismo que sostenible, puesto que muchas de estas especies están sobreexplotadas o mal gestionadas.
Por estos motivos, animamos a todas y todos los consumidores a pasar a la acción y en primer lugar reducir y diversificar al máximo el consumo para disminuir la presión sobre las especies más populares, y elegir únicamente los productos frescos y de temporada que estén correctamente etiquetados y hayan sido capturados por las pesquerías selectivas de nuestro litoral.

Sin embargo esa reducción parece que no se va a producir, en un momento en el que se recomienda la ingesta de pescado como “alternativa sana” y cuando la población humana sigue aumentando. ¿Es aún posible dosificar la pesca hasta llegar a mantener un estado saludable de las poblaciones salvajes?

Por un lado, aunque no pretendemos alarmar, debido al mal estado ambiental de nuestros mares, muchos de los pescados que consumimos contienen trazas de contaminantes. Los más abundantes son las dioxinas, los PCBs y los metales pesados como el mercurio, arsénico, plomo y cadmio. Los organismos de la cadena trófica que sólo comen plancton ingieren los tóxicos que hay en el agua, los que se comen a estos peces o crustáceos ingieren los del agua más los acumulados en sus presas, y así sucesivamente hasta llegar hasta nuestro organismo a través de la alimentación. Así pues, aunque las autoridades sanitarias aconsejan ingestas mínimas de pescado por razones de nutrición, las recomendaciones de ingestas máximas por razones de toxicidad son todavía muy tímidas (de hecho, el Gobierno las suele ocultar). Por todo esto, aunque no es nuestra intención alarmar, debido a los contaminantes que pueden acumularse en algunas de las especies que se consumen con más frecuencia (atún rojo, pez espada, cazón, salmonete, salmón, sardina…), es importante que cómo consumidores estemos informados y que reduzcamos y diversifiquemos al máximo nuestro consumo de pescado y marisco.
Con respecto a la segunda parte de la pregunta, no sólo es posible dosificar, o mejor dicho: conseguir una pesca sostenible, sino que es una obligación legal. Concretamente, restaurar las poblaciones de peces a niveles sostenibles es una de las obligaciones a las que la UE se comprometió en la Cumbre de Johannesburgo de Desarrollo Sostenible del año 2002. Pero también en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, el Acuerdo de las Naciones Unidas sobre Poblaciones de peces de 1995, en el Código de Conducta para la Pesca Responsable de la FAO… y más recientemente, en la nueva Política Pesquera Común (PPC), que ha entrado en vigor en enero de 2014, donde se establece entre sus objetivos principales la necesidad de lograr la sostenibilidad pesquera a través del Rendimiento Máximo Sostenible. Por todo ello, resulta incomprensible que pasados todos estos años y con el gran número de reglamentaciones existentes para conseguir una explotación sostenible, actualmente la sobrepesca afecte al 95% de los stocks pesqueros evaluados en el Mediterráneo y el 39% en el Atlántico.

La ONU en más de una ocasión ha recordado que nuestra dieta debe de cambiar y que el modelo actual no es sostenible. ¿Hacía qué modelo deberíamos dirigirnos?

Cada persona es libre de elegir la opción que más le convenga, yo por ejemplo llevo ya 20 años siendo vegetariana ¡cómo pasa el tiempo!, y sinceramente creo que es una de las opciones más sensatas. Ahora bien, no tenemos una varita mágica para cambiar el gusto de los consumidores en los países enriquecidos. Así que, el camino que decidimos emprender desde el área marina de Ecologistas en Acción, fue la elaboración de una guía de consumo responsable de pescado y marisco en la que informásemos (en base a la mejor información científica disponible) sobre la degradación del medio marino, el mal estado de la mayoría de las poblaciones de peces y mariscos, así como el impacto social y económico que se esconde detrás de algunas de las especies más comercializadas. Creemos, tal y como indicamos en la Guía, que la mejor opción es animar a la ciudadanía a reducir al máximo la ingesta de pescado y marisco, y apostar únicamente por los productos de bajo impacto ambiental. De hecho, con la Guía hemos demostrado la insostenibilidad del modelo acuícola y pesquero actual, la gran huella de carbono que hay detrás de algunos productos que pasan por varios países antes de llegar hasta nuestra mesa, y la gran dificultad de consumir productos del mar de una manera responsable.

El modelo actual ahonda además en la desigualdad entre unas zonas y otras del planeta, ¿no?

Así es, algunos de los productos que podemos encontrar en nuestros comercios están ligados a la injusticia social y ambiental en países lejanos. Esto sucede por ejemplo con la perca del Nilo, el cultivo de salmón en Chile, la gran pesca industrial en el Índico, el caso de la anxoveta de Perú, o bien el cultivo de langostinos (camarones) en países tropicales. De hecho, este último caso es el que intentamos seguir más de cerca desde el área marina de Ecologistas en Acción.
Hoy en día, más de la cuarta parte de langostinos comercializados provienen de la industria acuícola y el 99% de su producción tiene lugar en las zonas litorales de países en vías de desarrollo. Pero el progreso de esta industria, en vez de generar beneficios allí donde se ha instalado ha ocasionado grandes impactos ecológicos y sociales. Según la FAO, su expansión ha destruido en los últimos 20 años a nivel global prácticamente una cuarta parte de los manglares y otros ecosistemas litorales de gran valor ecológico. Hecho que afecta a la supervivencia de millones de personas que dependen del buen estado de salud de este ecosistema para abastecerse de productos de primera necesidad.

¿Qué opinión le merece a Ecologistas en Acción la Política Pesquera Comunitaria?

En la nueva Política Pesquera Común (PPC) se lograron grandes avances, entre ellos el objetivo de poner fin a la sobrepesca en 2015 (pero con posibilidad de retrasarlo a 2020), la necesidad de establecer planes plurianuales, así como la posibilidad de distribuir el acceso a los recursos en base a criterios sociales y ambientales. Pero hay varias cosas en las que particularmente nos hubiese gustado más concreción. Viendo lo mal que gestionan la pesca los responsables políticos, las medidas técnicas relativas a la prohibición de los descartes, así como el aumento de las cuotas ligado a ésta prohibición, son unos de los temas que más nos preocupan.
Así pues, aunque aparentemente tenemos una nueva normativa que incorpora mayores criterios de sostenibilidad, lo que realmente es importante es que se aplique y se consigan los objetivos marcados. Puesto que actualmente el grado de cumplimiento y ejecución de la normativa en temas pesqueros y de protección de la biodiversidad marina (como por ejemplo Directiva marco sobre la estrategia marina, Directiva Hábitats, Convenio de Biodiversidad Biológica, Convenio de Barcelona, Gestión Marítima Integrada, etc.), es claramente insuficiente.

¿Qué impacto tiene en la economía la sobrepesca?

Según cifras de la Comisión Europea, se estima que en numerosas pesquerías el tamaño y la capacidad de la flota de la UE es entre 2 y 3 veces superior al nivel sostenible. Este exceso de capacidad conduce a la sobreexplotación y hace que la flota no sea viable económicamente.  De hecho, el Banco Mundial y la FAO han calculado que la economía mundial pierde cada año más de 35.000 millones de euros debido a la sobrepesca. En la UE, este coste se estima en 3.200 millones de euros por sólo 43 stocks. Resulta pues evidente que subvencionando la sobrepesca estamos subvencionando el fracaso económico. Además, nuevos estudios publicados este año sugieren que una gestión pesquera a niveles sostenibles y una distribución de las cuotas en base a criterios ambientales y sociales (tal y como permite la legislación en vigor), generaría 824 millones de beneficio y 102.000 empleos adicionales en el sector pesquero de la Unión Europea.

¿A pesar de este  oscuro panorama que nos has pintado, crees que se producirán cambios positivos en fechas próximas?

Sí, es muy posible, y es en este punto donde dentro del propio sector pesquero y en muchas localidades están surgiendo iniciativas positivas que esperemos que se vayan ampliando.Dehecho, cada vez más experiencias y estudios demuestran que la participación activa de los propios pescadores en la planificación pesquera (cogestión), mejoran sustancialmente la consecución de los objetivos establecidos. Algunos investigadores han llegado a describir que “la cogestión basada en comunidades es la única solución realista para la mayoría de las pesquerías del mundo, y es una manera eficaz de conservar los recursos acuáticos y los medios de subsistencia de las comunidades que dependen de ellos”.
Avanzar hacia una mejor gobernanza mediante una verdadera cogestión donde la Administración, científicos, pescadores y sociedad civil participen conjuntamente en la protección del medio marino y en la gestión pesquera, puede contribuir a que la actividad pesquera sea más sostenible. Además, al hacer partícipes a los en la regulación de sus propias actividades, se asegura un mayor cumplimiento de la normativa y una mayor rentabilidad.
Así pues, teniendo en cuenta que partimos de unas poblaciones de peces globalmente sobreexplotadas, planificar y (co)gestionar la pesca a largo plazo parecen ser las mejores opciones para garantizar la sostenibilidad de los recursos y enderezar la precaria situación actual. Sumado a la necesidad de aumentar la investigación científica y el cumplimiento de la normativa; garantizar una mayor transparencia en la gestión de los recursos públicos; así como una mayor información y participación de la ciudadanía en su conjunto. Por último, no olvidemos la necesidad de apostar por un consumo responsable.

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