lunes, 4 de mayo de 2015

Cómo alimentarse ‘Sin mala espina’

Artículo publicado por Juan Marqués, Diario de Cádiz

Cada español se traga de media 45 kilos de pescado y marisco en un año. Unos dos tercios procede ya de terceros países. Ecologistas en Acción llama al consumo responsable en una guía

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Panga y perca del Nilo disfrazadas de mero, pescadilla de El Cabo bajo la etiqueta de merluza europea, gambas escocesas peladas en China, salmones de las supuestamente saludables aguas noruegas, los últimos bacalaos del Atlántico, clones de doradas turcas de acuicultura intensiva y pescado de caña rebautizado como “salvaje” a precio de oro. Esta es sólo parte de la oferta actual de cualquier pescadería en el país más ictiófago de la Unión Europea.
Según la FAO, en España se consume una media de 45 kilos de pescado por persona y año, una cantidad que la coloca en octava posición en el mundo y a sólo dos puestos de Japón, que está por detrás de Myanmar, Corea, Malasia, Islandia y Maldivas. En Cataluña apenas son capaces de autoabastecerse en un 10% con recursos propios. En Andalucía, el porcentaje es algo mayor. Los caladeros de muchas especies se agotaron o se encuentran al límite por la sobreeexplotación que practican las insaciables flotas industriales. Y los mares, sobre todo el Mediterráneo, no dan abasto.
Dos tercios del pescado que se vende en todo el país es ya de origen extracomunitario. Cada producto ha recorrido unos 5.000 kilómetros de media antes de llegar a nuestros platos, dejando tras de sí una importante huella de carbono, una estela de CO2 que incrementa el efecto invernadero, acelera el cambio climático y empuja a muchas especies a otras latitudes.
Las dudas surgen a la hora de elegir qué compramos. Lydia Chaparro, ecóloga marina, especialista en políticas pesqueras y miembro de Ecologistas en Acción Cataluña, intenta solventarlas en Sin mala espina, una guía publicada por la organización conservacionista, disponible en formato digital en el blog sinmalaespina.org“Quisimos ir más allá de las diez especies más consumidas y analizamos las 71 que padecen una mayor presión pesquera”, comenta antes de la charla que dio en El Puerto.
Ecologistas en Acción siempre ha defendido un reparto justo y equitativo de las cuotas. “Consideramos que los políticos tienen que determinarlas en función de criterios científicos. Hemos luchado mucho, junto con los pescadores y otros agentes sociales, por que se repartan en base a criterios sociales y ambientales. Y esto no es una invención ecologista. Está en la normativa europea. Por lo tanto, tenemos que presionar a nuestro gobierno para que se cumpla la normativa. Así, las almadrabas y las otras modalidades pesqueras más sostenibles tendrían más derecho a pescar más atún que las flotas industriales. No somos los enemigos. Queremos peces y queremos pescadores, pero es imprescindible una buena gestión para un futuro viable”.
Otro problema que persiste es el de las sustituciones, que a veces deriva en auténticos fraudes porque nos venden una especie más barata por otra más cara. “En el Reino Unido se han destapado casos de venta de bacalao del Atlántico, sobreeexplotado, como bacalao sostenible del Pacífico. Y gracias a la Universidad de Oviedo, sabemos que el 31% de la merluza comercializada en España no es europea, sino africana o sudamericana, capturada por la flota industrial. Otro ejemplo es el cazón, el tipo de tiburón más consumido en España y, sin embargo, no el más capturado. Muy a menudo, cuando consumimos cazón, estamos comiendo caella u otra especie de tiburón. Por lenguado se venden una cantidad de especies que ni te enteras…y el mero apenas se ve ya en las pescaderías, pero cuando se anuncian menús con mero a diez euros…”.
Todo estos pescados generan, además, un gran impacto social. A la cabeza se colocan los langostinos tropicales, esos que se llegan a vender hasta a seis euros el kilo. “En Latinoamerica y en Asia, las explotaciones acuícolas han obligado al traslado de poblados enteros por la deforestación del manglar, un ecosistema que les proporcionaba sustento y era capaz de frenar hasta el 90% de las olas durante los tsunamis”.
¿No se nos vendió la acuicultura como una medicina contra el abuso del sector extractivo? “No la que se practica en Europa, industrial e intensiva. Vosotros tenéis excepciones, como los esteros, que nosotros no promovemos, pero apoyamos”, comenta Lydia. “No tiene sentido emplear tres o cuatro kilos de pienso hecho con pescado para producir un kilo de pescado, o nueve de sardinas y caballas para producir uno de atún”, argumenta. “Aquí el problema es que el modelo que se promociona con dinero público es una acuicultura industrial e intensiva que no quita, sino que añade presión al medio marino, que ocupa una zona de litoral, que utiliza antibióticos…”.
¿Qué compramos entonces? “Lo más importante es estar informados -explica Lydia-. Las etiquetas tienen que proporcionar la mayor información y lo más precisa posible. Recomendamos comprar en las pescaderías y en los mercados tradicionales y no tanto en el supermercado. El pescadero tiene que ser un aliado. No recomendamos consumir tanto como ahora y aconsejamos diversificar las especies. Para un menor impacto ambiental, priorizamos el consumo de las capturas de barcos menores con artes de pesca artesanales, como líneas y anzuelos, nasas y trampas, marisqueo a pie, o bien cerco litoral. Son, además, las que ofrecen más puestos de trabajo. Recomendamos los productos de temporada, que suelen garantizar cercanía”. Y, por supuesto, nada de inmaduros. “Sigue vendiéndose pescado que incumple la talla mínima reglamentaria y, a veces, esa talla no protege a la especie”.
El gran reto ahora son los descartes. “Algunas pesquerías llegan a descartar el 40% o más de lo capturado porque no tiene salida comercial; los descartes son inmorales, es una aberración. En la reforma de la política pesquera luchamos mucho por que se acabasen, pero el resultado ha sido aprovecharlos. Esto se aplica en especies con cuota en el Atlántico y en el Mediterráneo, en las que tienen tallas mínimas. Muy frecuentemente se trata de inmaduros y, de alguna forma, se está favoreciendo el mercado de ilegales. Tenemos por delante un gran trabajo pedagógico, tenemos que presionar políticamente para que nuestra flota sea lo más selectiva posible”.

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