viernes, 26 de septiembre de 2014

Presentación de las conclusiones de la expedición

Malaspina revela la existencia de cinco grandes acumulaciones de plástico en los océanos


IP - 25 de septiembre de 2014 Compartir en Facebook Compartir en Twitter


El congreso de Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), celebrado recientemente en Barcelona, ha sido el marco elegido para la presentación de las conclusiones de la expedición Malaspina, “el mayor proyecto interdisciplinar de la historia sobre cambio global”. Según informa Sinc, la expedición ha generado por primera vez una base de datos que recoge los niveles de contaminantes orgánicos en todos los océanos. Así, los investigadores han logrado determinar cómo se distribuyen globalmente las dioxinas, compuestos químicos generados durante la combustión de residuos orgánicos.
Juan Dichc, investigador del CSIC en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua, explica que “las concentraciones son mayores cerca de los continentes que en las zonas centrales de los océanos, una circunstancia que se explica por los procesos de degradación durante el transporte, ya que se depositan al océano directamente desde la atmósfera”, y lo que es más preocupante: “los contaminantes han comenzado a afectar al fitoplancton y zooplancton”.
“Hemos observado que los contaminantes entran directamente al océano a través de la atmósfera, llegando a las zonas más remotas del planeta, con aportes que ya están afectando al ecosistema oceánico”, explica el investigador del CSIC y coordinador de la expedición Malaspina, Carlos Duarte.
Asimismo, durante el proyecto se ha generado la mayor base de datos de hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs) en el océano. Los PAHs se encuentran como parte de los combustibles fósiles y también se generan durante la combustión de petróleo y carbón.
Cinco acumulaciones de plásticos
Los investigadores ya han demostrado, a partir de las muestras recogidas a bordo, que existen cinco grandes acumulaciones de residuos plásticos en el océano abierto, que coinciden con los cinco grandes giros de circulación de agua superficial oceánica. Por lo que se deduce que “el problema de la contaminación por residuos plásticos tiene carácter planetario. Solo una expedición global como Malaspina podía obtener estos resultados y evaluar la abundancia global de contaminación por plásticos”, resalta Duarte.
“La expedición Malaspina ha supuesto un salto adelante en la comprensión del ecosistema del océano global, particularmente de las aguas situadas por debajo de la capa expuesta a la luz solar, donde hemos descubierto una biomasa de peces hasta 10 veces mayor de la que se pensaba”, señala Duarte.
“La oceanografía española nunca había liderado un proyecto con una dimensión internacional de este calibre, con más de 18 países implicados. Además de marcar un antes y un después por los avances científicos, ha conseguido romper las fronteras y recelos tradicionales entre grupos científicos. También ha sido capaz de hacer llegar la oceanografía española a la sociedad”, asegura el coordinador del proyecto.
El Hespérides, un barco de la Armada Española, partió el 15 de diciembre de 2010 de Cádiz, realizando paradas en Río de Janeiro (Brasil) y Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Tras Perth (Australia), pasó por Sídney (Australia), Auckland (Nueva Zelanda), Honolulú (Hawai), y Cartagena de Indias (Colombia). Otro buque, el Sarmiento de Gamboa, perteneciente al CSIC, regresó en abril de 2010 procedente de Santo Domingo (República Dominicana), donde llegó tras haber explorado el Atlántico durante casi dos meses.
La expedición Malaspina es un proyecto Consolider-Ingenio 2010 gestionado por el CSIC y financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad. Malaspina comprende cerca de 50 grupos de investigación, incluyendo 27 grupos de investigación españoles, del CSIC, el Instituto Español de Oceanografía, 16 universidades españolas, un museo, la fundación de investigación AZTI-Tecnalia, la Armada Española, y varias universidades españolas.
La financiación total, en la que también han colaborado el CSIC, el IEO, la Fundación BBVA, AZTI-Tecnalia, varias universidades españolas y organismos públicos de investigación, ronda los 6 millones de euros.


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