La reforma de la Política Pesquera Común tiene los meses contados. Ya no es una oportunidad para la protección del futuro de los océanos y de las pesquerías es una lucha encarnizada para obtener los mejores intereses políticos, que no pesqueros.

Tanto las políticas pasadas como las más actuales, y ante la atenta mirada de la mayoría de los gobiernos europeos, han dirigido el dinero de nuestros impuestos hacia las grandes empresas pesqueras y grandes barcos que como resultado de embolsarse toda esta cantidad de dinero, se han dedicado a hacer más potentes sus barcos, más dañinos, y más capaces.

El resultado: aumentar su poder destructivo y su capacidad pesquera no solo para sobreexplotar los recursos pesqueros sino para llegar al más allá y seguir con el mismo modelo destructivo de gestión pesquera. Para comprar el derecho a pescar en países en desarrollo amenazando el medio de vida de millones de pescadores locales. Para jugar a saltarse las normas, hacer ilegalidades y seguir recibiendo ayudas.

Pero yo, como ciudadana quiero elegir. Grecia, Reino Unido, España, Francia e incluso Polonia tienen otra pesca. Pesca sostenible. Sí, pequeñas embarcaciones, que pescan de  manera responsable, que apenas han recibido subvenciones, que luchan día a día no solo con el mar sino con establecer medidas de gestión que a pesar de que les restan beneficios hoy por hoy les darán un futuro. Nuestro futuro. El de los océanos.

Por eso al igual que en España y en Grecia, pescadores de Reino Unido han publicado un manifiesto para una pesquería justa: “Manifesto for fair fisheries”. Lo que demandan no es tan descabellado, quieren que se de el derecho a pescar a aquellos que lo hacen de manera sostenible. Y tienen razón, las cuotas o el derecho a pescar debería basarse en criterios ambientales, pero también sociales. Es decir priorizar el derecho a pescar a  aquellas pesquerías que generan menos impacto en el medio marino y más puestos de trabajo, directos e indirectos. Los pescadores artesanales de estos países también quiere que se pare la pesca destructiva en Europa y en el mundo, pero parece que a ellos y ellas expertos en la mar tampoco les escuchan.

Puede que quede una oportunidad de que la mayoría y no solo los que deciden en Europa  pongamos el futuro de los océanos, y por tanto de la pesca, en el corazón de la reforma. Insisto, yo decido... quiero pesca sostenible.